sábado, 22 de agosto de 2009

martes, 11 de agosto de 2009

Comentario de Carlos Garrido Chalen

Mi preciosa Marcelita Vanmak:

Mi alma se conmueve agradecida y de ese gesto tan lindo tuyo no voy a olvidarme jamás. Primero porque tu poema, es un monumento de reconocimiento al àrbol que es plenitud de vida y majestad, pero también la humanidad resumida. Segundo: porque está escrito como solamente lo hacen los grandes poetas, de una manera puntual y orgánica, sin una palabra sobrante o inadecuada, precisa, con gracia y talento, con cadencia, melodía, razón de ser y señorío. Tercero: porque permite conocer el fondo de un alma noble y generosa como la tuya en la que quiero mirarme diariamente cuando canto; y Cuarto: porque me abre las puertas a una amistad genuina que no la importunarán las mezquindades de la noche, ni esa proclividad de las aves de mal agüero, a destruirlo todo. Te quiero y respeto amiga del alma. Coge mi mano y marchemos juntos que el mañana nos espera para mostrarnos su júbilo aquiescente y su memoria victoriosa.

Carlos Garrido Chalén

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HOMBREÁRBOL




Dedicado a Carlos Garrido Chalén



Poeta que llevas en tu vital pluma
vocación piadosa de la bondad de árbol,
en tendido brazo ofreciendo frutos,
ramajes entrelazados de germen intenso
colmas de solidaridad las hierbas del campo
con la sangre en raíces ancestrales de luz
Y tu mente en el firmamento diáfana
preocupada por el alimento del niño
y el destino del hombre en conflicto
Con tu sueño amplio como río cantarino
humedeces la sequía del alma terrenal
Deseoso de dejar la huella en el poema
socavas en la cáscara ripiosa hasta la esencia
De tus ojos gorriones pían llamando
al vuelo interminable del destino humano
Poeta que cantas suave en lluvia de palabras
a la tierra, el surco y la espiga que florece
en cada poema haces una ceremonia cierta
A los descalzos de América tenaz y aferrado
ofreces tu poesía hermosa en ritual de arrojo
constante y sublime como el maná descendido
Cubres con eternal vocablo las faltas humanas
y en tu celestial decir haces la existencia más divina